viernes, 10 de julio de 2009

AGRADECIMIENTO

AGRADECIMIENTO POR ESTE TEMA ACERCA DE LA BUENA COMUNICACION EN UNA FAMILIA CRISTIANA O CUALQUIER OTRA FAMILIA.



PUES ESTA OBRA FUE REALIZADA CON EL FIN DE, QUE LAS FAMILIAS ESTEN UNIDAS Y, RECONOCER QUE PAPELES OCUPA CADA INTEGRANTE.

DIOS LOS CUIDE Y LOS BENDIGA ESPERO LES SEA DE GRAN UTILIDAD

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GRACIAS SEÑOR TE DAMOS POR EL AMOR QUE NOS DAS, PERDONANOS PUES SOMOS PECADORES Y NO SOMOS DIGNOS DE MENCIONAR TU SANTO NOMBRE. TE AMAMOS SEÑOR. GRACIAS POR LA VIDA QUE NOS DAS

Consejos para los Niños

Busquen temprano a Dios

Los niños y los jóvenes deben empezar temprano a buscar a Dios, porque los hábitos y las impresiones que se adquieren temprano ejercen con frecuencia una influencia poderosa sobre la vida y el carácter. Por lo tanto, los jóvenes que quieran ser como Samuel, Juan y especialmente como Cristo, deben ser fieles en las cosas menores, apartándose de los compañeros que se proponen obrar mal y consideran que su vida en el mundo debe consistir en placeres egoístas, Muchos de los deberes domésticos menudos se pasan por alto como cosas sin importancia; pero si se descuidan las pequeñeces, también se descuidarán los deberes mayores. Queréis llegar a ser hombres y mujeres sanos, dotados de un carácter puro, sólido y noble. Comenzad a obrar así en casa; asumid los deberes pequeños y cumplidlos con esmero y exactitud. Cuando el Señor vea que sois fieles en lo poco, os confiará responsabilidades mayores. Tened cuidado acerca de cómo edificáis y de la clase de material que ponéis en la construcción. El carácter que modeláis ahora durará tanto como la eternidad.

Permitid a Jesús que tome posesión de vuestra mente, vuestro corazón y vuestros afectos; obrad como obró Cristo, ejecutando concienzudamente los deberes domésticos, los pequeños actos de abnegación así como las acciones bondadosas, aprovechando los momentos con diligencia, manteniéndoos en guardia cuidadosa contra los pecados menudos y conservando gratitud en vuestro corazón por las pequeñas bendiciones, y mereceréis al fin un testimonio como el que se dio acerca de Juan y Samuel, y especialmente de Cristo: "Y Jesús crecía en sabiduría, y en edad, y en gracia para con Dios y los hombres."

"Dame ... tu corazón."

El Señor dice al joven: "Dame, hijo mío, tu corazón." Al Salvador del mundo le agrada que los niños y jóvenes le entreguen su corazón. Quizá haya un gran ejército de niños que serán hallados fieles a Dios porque andan en la luz, así como Cristo está en la luz. Amarán al Señor Jesús, y se deleitarán en agradarle. No se impacientarán si fueren reprendidos, y alegrarán el corazón de sus padres con su bondad, su paciencia y su disposición a hacer todo lo que puedan para ayudar a llevar las cargas de la vida diaria. Serán fieles discípulos de nuestro Señor en toda su infancia y juventud.

Debe hacerse una decisión individual

Velad, orad y obtened una experiencia personal en las cosas de Dios. Vuestros padres pueden enseñaros, pueden procurar guiar vuestros pies por sendas seguras; pero les resulta imposible cambiar vuestro corazón. Debéis entregarlo a Jesús y andar en la preciosa luz de la verdad que os ha dado. Asumid fielmente vuestros deberes en la vida familiar y por la gracia de Dios podréis crecer hasta alcanzar la estatura a la cual Cristo quiere que llegue un niño en él. El hecho de que vuestros padres observen el sábado y obedezcan a la verdad, no asegura vuestra salvación. Porque aun cuando Noé, Job y Daniel estuviesen en la tierra, "vivo yo, dice el Señor Jehová, no librarán hijo ni hija; ellos por su justicia librarán su vida."

En la infancia y la juventud podéis obtener experiencia en el servicio de Dios. Haced lo que sabéis es correcto. Obedeced a vuestros padres. Escuchad sus consejos; porque si aman y temen a Dios sienten la responsabilidad de educar, disciplinar y preparar vuestra alma para la vida inmortal. Recibid con agradecimiento la ayuda que quieren daros, y alegrad sus corazones sometiéndoos de buen grado a los dictados de su juicio más sabio. Así honraréis a vuestros padres, glorificaréis a Dios y llegaréis a ser una bendición para aquellos con quienes tratéis.

Pelead la batalla, niños; recordad que cada victoria os coloca en un nivel superior al del enemigo.

Deben orar para obtener ayuda

Los niños deben orar para obtener gracia con que resistir a las tentaciones que les vendrán, es decir las incitaciones a cumplir su propia voluntad y buscar su propio placer egoísta. Cuando pidan a Cristo que les ayude a prestar un servicio veraz, bondadoso, obediente, y a llevar las responsabilidades del círculo familiar, él oirá su sencilla oración.

Jesús quiere que los niños y los jóvenes acudan a él con la misma confianza con que van a sus padres. Así como un niño pide pan a su madre o a su padre cuando tiene hambre, así quiere el Señor que le pidáis las cosas que necesitáis.... Jesús conoce las necesidades de sus hijos, y se deleita en escuchar sus oraciones. Los niños deben aislarse del mundo y de cuanto apartaría de Dios sus pensamientos. Considérense como estando a solas con Dios, cuyo ojo mira lo más íntimo del corazón y discierne el deseo del alma, y recuerden que pueden conversar con Dios....

Luego, niños, pedid a Dios que haga en vuestro favor lo que no podéis hacer vosotros mismos. Decídselo todo a Jesús. Abridle los secretos de vuestro corazón; pues su ojo escudriña lo más oculto del alma, y lee vuestros pensamientos como un libro abierto. Cuando le hayáis pedido las cosas necesarias para el bien de vuestra alma, creed que las recibís, y las tendréis.

Cumplan con alegría sus deberes en la casa

Los niños y jóvenes deben ser misioneros en el hogar y hacer lo que necesita ser hecho por alguien.... Mediante el cumplimiento fiel de las cosas menudas que os parecen sin importancia, podéis demostrar que tenéis un espíritu verdaderamente misionero. Vuestra disposición a ejecutar los deberes que se os presenten, a aliviar vuestra sobrecargada madre, probará que sois dignos de que se os confíen responsabilidades mayores. No consideráis que lavar los platos sea agradable; sin embargo no os gustaría veros privados de comer el alimento puesto en esos platos. ¿Os parece que para vuestra madre el hacer estas cosas es trabajo más agradable que para vosotros? ¿Estáis dispuestos a dejar que vuestra cansada madre realice una tarea desagradable mientras desempeñéis el papel de grandes señores? Hay pisos que barrer, hay alfombras que sacudir y habitaciones que poner en orden; y mientras descuidáis la ejecución de esos trabajos, ¿es consecuente de vuestra parte que deseéis responsabilidades mayores? ¿Habéis considerado cuántas veces vuestra madre tiene que atender a todos estos deberes domésticos mientras se os exime de ellos para que podáis asistir a la escuela o divertiros?

Muchos hijos atienden a sus deberes domésticos como si fuesen tareas desagradables, y sus rostros indican claramente que así les resultan. Critican, murmuran, y nada hacen con buena voluntad. Esto no es obrar como Cristo; es manifestar el espíritu de Satanás, y si lo albergáis, seréis como él. Os sentiréis desgraciados vosotros mismos y haréis la vida miserable para cuantos os rodeen. No os quejéis acerca de cuánto tenéis que hacer y de cuán poco tiempo tenéis para divertiros; sed antes serviciales y cuidadosos. Al dedicar vuestro tiempo a algún trabajo útil, estaréis cerrando una puerta a las tentaciones de Satanás. Recordad que Jesús no vivió para agradarse a sí mismo, y que debéis ser como él. Haced de esto un asunto de principios religiosos, y pedid a Jesús que os ayude. Ejercitando vuestra mente en este sentido, os prepararéis para llevar cargas en la causa de Dios así como las llevasteis en el círculo del hogar. Ejerceréis buena influencia sobre los demás y los ganaréis para que sirvan a Cristo.

Concedan descanso y variedad a sus madres

Para una madre amorosa es difícil instar a sus hijos a que le ayuden cuando ve que no ponen el corazón en su trabajo y fraguan toda clase de excusas para librarse de hacer una tarea desagradable. Niños y jóvenes, Cristo os mira. ¿Os verá descuidar el cometido que confió a vuestras manos? Si queréis ser útiles, tenéis la oportunidad de serlo. Vuestro primer deber consiste en ayudar a vuestra madre, que tanto ha hecho por vosotros.

Llevad sus cargas, dadle días agradables de descanso; porque ha tenido muy pocas vacaciones y variedad en su vida. Vosotros habéis procurado obtener como un derecho todo el placer y la diversión a vuestro alcance; pero ha llegado el momento en que os toca alegrar el hogar. Asumid vuestro deber; poneos a trabajar. Mediante vuestra devoción abnegada, dadle a ella descanso y placer.

La recompensa divina para los que sean como Daniel

Se necesitan ahora hombres que, como Daniel, se atreverán a obrar. En el mundo de hoy se necesita tener un corazón puro y fuerte, y una mano intrépida. Dios quiso que el hombre mejorase constantemente y se elevase diariamente a un peldaño más alto en la escala de la excelencia. Nos ayudará si procuramos ayudarnos a nosotros mismos. Nuestra esperanza de felicidad en ambos mundos depende de que progresemos en uno de ellos....

Amados jóvenes, Dios os invita a hacer una obra que podéis hacer por su gracia. "Os ruego . . . que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro racional culto." Destacaos en la dignidad que Dios os ha dado como hombres y mujeres. Revelad en vuestros gustos, apetitos y hábitos una pureza que se compare con la manifestada por Daniel. Dios os dará en recompensa nervios serenos, un cerebro despejado, un juicio inalterado y percepciones agudas. Los jóvenes de hoy que tengan principios firmes y resueltos serán bendecidos con salud del cuerpo, la mente y el alma.

Empiecen a redimir lo pasado

La juventud está ahora decidiendo su destino eterno, y quiero suplicamos que consideréis el mandamiento al cual Dios agregó esta promesa: "Porque tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da." Niños, ¿deseáis la vida eterna? Entonces respetad y honrad a vuestros padres. No hiráis ni agraviéis su corazón; no les hagáis pasar noches de insomnio, por la ansiedad y angustia que les causen vuestros casos. Si habéis pecado al no tributarles amor y obediencia, empezad ahora a redimir lo pasado. No podéis asumir otra conducta; porque ésta significaría perder la vida eterna.

LOS NIÑOS - SOCIOS MENORES DE LA FIRMA

Cómo Estima el Cielo a los Niños


Comprados por la sangre de Cristo

Cristo asignaba a los niños un valor tan elevado que dio su vida por ellos. Tratadlos como a quienes fueron comprados por su sangre. Con paciencia y firmeza educadlos para él. Disciplinadlos con amor y paciencia. Mientras hagáis esto, llegarán a ser para vosotros una corona de regocijo y resplandecerán como luces en el mundo.

El niño más pequeño que ama y teme a Dios es mayor a su vista que el hombre más instruido y talentoso que descuida la gran salvación. Los jóvenes que consagran su corazón y vida a Dios se han puesto, al hacerlo, en contacto con la Fuente de toda sabiduría y excelencia.

"De los tales es el reino de Dios."

El alma del pequeñuelo que cree en Cristo es tan preciosa a sus ojos como los ángeles que rodean su trono. Los niños deben ser llevados a Cristo y educados para él. Debe guiárselos en la senda de la obediencia, y no favorecer la satisfacción de su apetito o su vanidad.

Si tan sólo quisiéramos aprender las lecciones admirables que Jesús procuro enseñar a sus discípulos mediante un niñito, ¡cuántas cosas que parecen ahora dificultades insuperables desaparecerían! Cuando los discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron: "¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?... llamando Jesús a un niño, le puso en medio de ellos, y dijo: De cierto os digo, que si no os volvierais y fuereis como un niño, no entraréis en el reino de los cielos. Así que, cualquiera que se humillaré como este niño, éste es el mayor en el reino de los cielos."

Son propiedad de Dios confiada a los padres

Los niños reciben la vida y el ser de sus padres, y sin embargo es al poder creador de Dios al que vuestros hijos deben la vida, porque Dios es el Dador de ella. Recuérdese que los niños no han de ser tratados como si fuesen nuestra propiedad personal. Los hijos son herencia del Señor, y el plan de redención incluye la salvación de ellos tanto como la nuestra. Han sido confiados a sus padres para que éstos los críen en la disciplina y admonición del Señor, a fin de que sean preparados para hacer su obra en este tiempo y en la eternidad.

Madres, tratad amablemente con vuestros pequeñuelos. Cristo fue una vez un niñito. Por amor suyo, honrad a los niños. Consideradlos como un cometido sagrado, no para mimarlos y hacer de ellos ídolos, sino para enseñarles a vivir una vida pura y noble. Son propiedad de Dios; él los ama y os invita a cooperar con él para ayudarles a adquirir un carácter perfecto.

Si queréis ir en paz al encuentro de Dios, suministrad ahora alimento espiritual a su grey, porque cada niño tiene la posibilidad de alcanzar la vida eterna. Los niños y los jóvenes son el tesoro peculiar de Dios.

Es necesario inculcar a los jóvenes la verdad de que sus dones no les pertenecen. La fuerza, el tiempo, el intelecto, no son sino tesoros prestados. Pertenecen a Dios, y todo joven debería resolverse a darles el uso más elevado; él es una rama de la cual Dios espera fruto; un mayordomo cuyo capital debe producir renta; una luz para iluminar la obscuridad del mundo. Todo joven y niño tiene una obra que hacer para honra de Dios y elevación de la humanidad.

La senda del cielo es adecuada a su capacidad

Vi que Jesús conoce nuestras flaquezas, y ha experimentado lo mismo que nosotros en todo, menos en el pecado. Por lo tanto, nos ha preparado una senda adecuada a nuestra fuerza y capacidad, y como Jacob, ha andado suavemente y con serenidad con los niños según lo que ellos pudieran soportar, a fin de sostenernos por el consuelo de su compañía y servirnos de guía perpetuamente. El no desprecia, descuida ni deja atrás a los niños del rebaño. El no nos ha ordenado que avancemos y los dejemos. El no ha viajado tan apresuradamente como para dejarnos rezagados juntamente con nuestros hijos. ¡Oh, no; sino que ha emparejado la senda de la vida, aun para los niños! Y requiere que los padres, los conduzcan por el camino estrecho. Dios nos ha señalado una senda adecuada a la fuerza y capacidad de los niños.

Auxiliadores de la Madre

Los niños son socios de la firma

Tanto los hijos como los padres tienen importantes deberes que cumplir en el hogar. Se les ha de enseñar a los primeros que también forman parte de la sociedad del hogar. Se les da de comer, se les viste, se les ama y se les cuida; y ellos a su vez, deben corresponder a todos estos favores compartiendo las responsabilidades domésticas y proporcionando toda la felicidad posible a su familia.

Enseñe toda madre a sus hijos que son miembros de la sociedad formada por la familia y que en ella deben llevar su parte de las responsabilidades. Cada miembro de la familia debe desempeñar estas responsabilidades tan fielmente como llevan las suyas los miembros de la iglesia con respecto a ésta.

Haced saber a los niños que al cumplir pequeñas diligencias están ayudando a su padre y a su madre. Dadles algún trabajo que puedan hacer para vosotros y decidles que después de hacerlo dispondrán de tiempo para jugar.

Los niños tienen mentes activas, y necesitan emplearlas para aliviar las cargas de la vida práctica. . . . Nunca debe dejárselas escoger su propia ocupación. Los padres mismos deben regir este asunto.

Padres e hijos tienen obligaciones

Los padres tienen la obligación de alimentar, vestir y educar a sus hijos, y los niños tienen la obligación de servir a sus padres con fidelidad alegre y fervorosa. Cuando los hijos dejan de sentir su obligación de compartir el trabajo y las cargas con sus padres, ¿les convendría que sus padres dejasen de sentir su obligación de proveer para ellos? Al cesar de cumplir su deber de ser útiles a sus padres y de aliviar sus cargas haciendo lo que es tal vez desagradable y trabajoso, los hijos pierden la oportunidad de obtener una educación muy valiosa que los haría idóneos para su utilidad futura.

Dios quiere que a los hijos de todos los creyentes se les enseñe desde sus primeros años a compartir las cargas que sus padres deben llevar al cuidar de ellos. Les conceden alojamiento en la casa y el derecho y privilegio de sentarse a la mesa familiar. Dios requiere de los padres que alimenten y vistan a sus hijos. Pero las obligaciones de padres e hijos son mutuas. Por su parte, los hijos deben respetar y honrar a sus padres.

Los padres no han de ser esclavos de sus hijos, ni ser quienes realicen todos los sacrificios mientras permiten que los niños se críen descuidados y despreocupados, satisfechos con que todas las cargas recaigan sobre sus padres.

La bondad equivocada les enseña a ser indolentes

Desde muy temprano se debe enseñar a los niños a ser útiles, a ayudarse a si mismos y a ayudar a otros. En nuestra época, muchas hijas pueden, sin remordimiento de conciencia, ver a sus madres trabajar, cocinar, lavar o planchar, mientras ellas permanecen en la sala leyendo cuentos, o haciendo crochet o bordados. Sus corazones son tan insensibles como una piedra.

Pero, ¿dónde está el origen de este mal? ¿Quiénes son generalmente los más culpables? Los pobres y engañados padres. Ellos pasan por alto el bien futuro de sus hijas, y en su ternura equivocada las dejan en la ociosidad, o les permiten hacer cosas que tienen poca utilidad o no requieren ejercicio de la mente o de los músculos, y luego disculpan a sus hijas insolentes porque son débiles. Pero, ¿qué es lo que las ha debilitado? En muchos casos ha sido la conducta errónea de los padres. Una cantidad apropiada de ejercicio en la casa mejoraría tanto su mente como su cuerpo. Pero, debido a ideas falsas, las niñas son privadas de dicho ejercicio, hasta que llegan a profesar aversión al trabajo.

Si vuestros hijos no se han acostumbrado al trabajo, pronto se cansarán. Se quejarán de dolores en los costados y en los hombros, y de que tienen los miembros cansados; y vuestra simpatía os hará correr el riesgo de hacer el trabajo vosotros mismos más bien que verlos sufrir un poco. Sea muy ligera al principio la carga impuesta a los niños, y luego vaya aumentando un poco cada día, hasta que puedan hacer debida cantidad de trabajo sin cansarse.

Peligros de la ociosidad

Se me ha mostrado que mucho pecado es resultado de la ociosidad. Las manos y las mentes activas no hallan tiempo para ceder a toda tentación que enemigo sugiere; pero las manos y los cerebros ociosos están totalmente preparados para ser dominados por Satanás. Cuando la mente no está debidamente ocupada, se espacia en cosas impropias. Los padres deben enseñar a sus hijos que la ociosidad es pecado.

Nada hay que conduzca tan seguramente al mal como aliviar a los hijos de toda carga, para dejarles llevar una vi ociosa y sin objeto, no haciendo nada u ocupándose según les agrade. La mente de los niños es activa, y si no se ocupa con cosas buenas y útiles, se dedicará inevitablemente a lo malo. Aunque es correcto y necesario que tengan recreación, se les debe enseñar a trabajar, a tener horas regulares para el trabajo físico y también para leer y estudiar. Procúrese que tengan ocupación apropiada para sus años y que estén provistos libros útiles e interesantes.

La ocupación útil es una salvaguardia

Una de las salvaguardias más seguras para los jóvenes es la ocupación útil. Si se les hubiese inculcado hábitos de laboriosidad, de manera que todas sus horas estuviesen empleadas en algo útil, no tendrían tiempo para lamentar su suerte o entregarse a fantasías ociosas. Correrían poco peligro de adquirir hábitos viciosos ni de frecuentar malas compañías.

Si los padres están tan ocupados en otras cosas que no pueden mantener a sus hijos ocupados en cosas útiles, Satanás los mantendrá atareados.

Deben aprender a llevar cargas

Los padres deben reconocer que la lección más importante para sus hijos es aprender que deben cumplir su parte en cuanto a llevar las cargas del hogar.... Los padres deben enseñar a sus hijos a mirar la vida con sentido común, a darse cuenta de que deben ser útiles en el mundo. En el hogar, bajo la dirección de una madre sabia, niños y niñas deben recibir su primera instrucción en cuanto a llevar las cargas de la vida.

La educación del niño para el bien o para el mal empieza durante sus primeros años.... A medida que se van criando los hijos mayores, deben ayudar a cuidar de los miembros menores de la familia. La madre no debe agobiarse haciendo trabajo que sus hijos pudieran y debieran hacer.

Compartir las cargas da satisfacción

Padres, ayudad a vuestros hijos a hacer la voluntad de Dios cumpliendo fielmente los deberes que les tocan realmente como miembros de la familia. Esto les comunicará una experiencia muy valiosa. Les enseñará que no han de concentrar sus pensamientos en sí mismos para hacer lo que les plazca o divertirse. Educadlos pacientemente para que desempeñen su papel en el círculo familiar, para que tengan éxito en sus esfuerzos por compartir las cargas de sus padres y hermanos. Así tendrán la satisfacción de saber que son realmente útiles.

Se puede enseñar a los niños a prestar servicio. Son por naturaleza activos y se inclinan a mantenerse atareados; esta actividad es susceptible de ser adiestrada y dirigida debidamente. Se puede enseñar a los niños, cuando están todavía en tierna edad, a llevar diariamente sus ligeras cargas, asignando a cada niño alguna tarea particular de cuyo cumplimiento es responsable ante sus padres o tutores. Aprenderán así a llevar el yugo del deber mientras sean jóvenes; y la ejecución de sus tareas menudas llegará a ser un placer que les comunicará una felicidad que se obtiene únicamente al hacer el bien. Se acostumbrarán a trabajar y a llevar responsabilidades; la ocupación les agradará y percibirán que la vida les reserva quehaceres más importantes que el de divertirse. . . .

El trabajo es bueno para los niños; son más felices cuando están ocupados en algo útil durante gran parte del tiempo; encuentran placer más intenso en sus diversiones inocentes cuando han terminado con éxito sus tareas. El trabajo fortalece los músculos y el intelecto. Pueden las madres transformar a sus hijos en preciosos auxiliares menores; y mientras les enseñen a ser útiles pueden ellas mismas obtener conocimiento de la naturaleza humana, aprender a tratar con estos seres jóvenes y conservar ellas mismas calor y juventud en su corazón por su trato con los pequeñuelos. Y así como sus hijos dependen de ellas con confianza y amor, ellas también pueden mirar al amado Salvador para obtener ayuda y dirección. A medida que crecen en edad, los niños debidamente educados aprenden a amar el trabajo que alivia las cargas de sus seres queridos.

Asegura el equilibrio mental

En el cumplimiento de las tareas que se les hayan asignado pueden fortalecer la memoria y obtener un equilibrio mental correcto, así como estabilidad de carácter y prontitud. El día, con su ciclo de deberes menudos, exige reflexión, cálculos y un plan de acción. A medida que los niños van creciendo, se les debe pedir algo más. No debe ser una labor agotadora, ni debe ser su trabajo tan prolongado que los canse y desanime; sino algo escogido juiciosamente con respecto al desarrollo físico más deseable y al debido cultivo de la mente y del carácter.

Los vincula con los obreros del cielo

Si se les enseñara a los niños a considerar el humilde ciclo de deberes diarios como la conducta que el Señor les ha trazado, como una escuela en la cual han de prepararse para prestar un servicio fiel y eficiente, ¡cuánto más agradable y honorable les parecería su trabajo! El cumplimiento de todo deber como para el Señor rodea de un encanto especial aun los menesteres más humildes, y vincula a los que trabajan en la tierra con los seres santos que hacen la voluntad de Dios en el cielo.*

En el cielo se obra constantemente. Allí no hay ociosos. Dijo Cristo: "Mi Padre hasta ahora obra, y yo obro." No podemos suponer que cuando llegue el triunfo final, y las mansiones estén preparadas para nosotros, la ociosidad será nuestra porción y que descansaremos felices, sin hacer nada.

Fortalece los lazos familiares

En la educación que reciben los jóvenes en el hogar, el principio de la cooperación es valiosísimo.... Los mayores deberían ser los ayudantes de sus padres, y participar en sus planes, sus responsabilidades y preocupaciones. Dediquen los padres tiempo a la enseñanza de sus hijos, háganles ver que aprecian su ayuda, desean su confianza y se gozan en su compañía, y los niños no serán tardos en responder.

No sólo, se aliviará la carga de los padres y recibirán los niños una preparación práctica de inestimable valor, sino que se fortalecerán los lazos del hogar y se harán más profundos los cimientos del carácter.

Contribuye a la excelencia mental, moral y espiritual

Tanto los niños como los jóvenes deben hallar placer en aliviar la carga de sus padres mostrando un interés abnegado por las cosas del hogar. Mientras llevan animosamente las cargas que les corresponden reciben una educación que los hará aptos para ocupar puestos de confianza y utilidad. Cada año han de hacer progresos constantes, dejando gradual pero seguramente a un lado la inexperiencia de la infancia a cambio de la experiencia de la madurez. En el desempeño fiel de los sencillos deberes del hogar, los muchachos y las niñas ponen el cimiento de la excelencia mental, moral y espiritual.

Da salud al cuerpo y paz al espíritu

La aprobación de Dios descansa con amante seguridad sobre los hijos que alegremente asumen su parte en los deberes de la vida doméstica, compartiendo las cargas de sus padres. En recompensa tendrán salud del cuerpo y paz mental, y disfrutarán del placer de ver a sus padres obtener su parte del placer social y recreación sana, lo cual prolongará su vida. Los niños educados en el cumplimiento de los deberes prácticos de la vida saldrán del hogar para ser miembros útiles de la sociedad con una educación muy superior a la que se obtiene por estar encerrados en el aula desde edad temprana, cuando ni la mente ni el cuerpo son bastante fuertes para soportar la tensión.* En algunos casos sería mejor que los hijos trabajasen menos en la escuela y recibiesen más preparación en el cumplimiento de los deberes domésticos. Sobre todo lo demás se les debiera enseñar a ser serviciales. Muchas cosas que se aprenden de los libros son mucho menos esenciales que las lecciones prácticas de laboriosidad y disciplina.

Asegura sueño y descanso

Las madres deben llevar a sus hijas consigo a la cocina y educarlas pacientemente. Su constitución se beneficiará con este trabajo; sus músculos adquirirán tono y fortaleza, y sus meditaciones serán más sanas y elevadas al fin del día. Tal vez se cansen; pero ¡cuán dulce es el reposo después de trabajar como es debido! El sueño, dulce restaurador natural, vigoriza el cuerpo cansado y lo prepara para los deberes del día siguiente. No dejéis creer a vuestros hijos que no importa que trabajen o no. Enseñadles que se necesita su ayuda, que su tiempo es valioso, y que dependéis de su trabajo.

Es un pecado dejar que los niños se críen en la ociosidad. Ejerciten sus miembros y músculos, aun cuando los canse. Si no se los recarga demasiado, ¿cómo puede el cansancio perjudicarles más que a vosotros? Hay mucha diferencia entre el cansancio y el agotamiento. Los niños necesitan cambiar de ocupación más a menudo que los adultos y tener con más frecuencia intervalos de descanso; pero aun en edad temprana, pueden comenzar a aprender a trabajar, y serán felices al pensar que se están haciendo útiles. El sueño les será dulce después de un trabajo saludable, y quedarán refrigerados para el siguiente día de trabajo.

No digáis: "Mis hijos me molestan."

"¡Oh! -dicen algunas madres- mis hijos me molestan cuando procuran ayudarme." Así me pasaba a mí con los míos, pero ¿pensáis que se lo dejaba saber? Alabad a vuestros hijos. Enseñadles, renglón tras renglón, precepto sobre precepto. Esto es mejor que leer novelas, hacer visitas, o seguir las modas del mundo.

Una visión del Modelo

Durante un tiempo la Majestad del cielo, el Rey de gloria, no era sino el Niño de Belén y sólo podía representar al bebé en los brazos de su madre. En su infancia sólo podía hacer el trabajo de un niño obediente mientras cumplía los deseos de sus padres y los deberes que correspondían a su capacidad de niño. Esto es todo lo que los niños pueden hacer, y debe educárselos para que puedan seguir el ejemplo de Cristo. El actuaba de una manera que beneficiaba a la familia en la cual se encontraba, porque estaba sujeto a sus padres y así realizaba obra misionera en la vida del hogar. Escrito está: "Y el niño crecía, y fortalecíase, y se henchía de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él." "Y Jesús crecía en sabiduría, y en edad, y en gracia para con Dios y los hombres."

Es el precioso privilegio de maestros y padres cooperar en lo que respecta a enseñar a los niños a absorber la alegría de la vida de Cristo mientras aprenden a seguir su ejemplo. Los primeros años del Salvador fueron años de utilidad. Ayudaba a su madre en el hogar; y estaba tan ciertamente cumpliendo su misión cuando ejecutaba los deberes de la casa y trabajaba en el banco de carpintero como cuando se dedicaba a la obra pública de su ministerio.

En su vida terrenal, Cristo fue un ejemplo para toda la familia humana, fue obediente y servicial en el hogar. Aprendió el oficio de carpintero, y trabajó con sus propias manos en el tallercito de Nazaret. . . . Mientras trabajaba en la infancia y la juventud, desarrolló su mente y su cuerpo. No empleó temerariamente sus facultades físicas, sino de una manera que lo mantuviese sano, y le permitiese hacer el mejor trabajo en todo sentido.

COMO ALENTO CRISTO A LAS MADRES

Jesús bendijo a los niños

En el tiempo de Cristo, las madres le llevaban sus hijos para que les impusiese las manos y los bendijese. Así manifestaban ellas su fe en Jesús y el intenso anhelo de su corazón por el bienestar presente y futuro de los pequeñuelos confiados a su cuidado. Pero los discípulos no podían reconocer la necesidad de interrumpir al Maestro tan sólo para que se fijara en los niños, y en una ocasión en que alejaban a unas cuantas madres, Jesús los reprendió y ordenó a la muchedumbre que diese paso a esas madres fieles y a sus niñitos. Dijo él: "Dejad a los niños, y no les impidáis de venir a mí; porque de los tales es el reino de los cielos."

Mientras las madres recorrían el camino polvoriento y se acercaban al Salvador, él veía sus lágrimas y como sus labios temblorosos elevaban una oración silenciosa en favor de los niños. Oyó las palabras de reprensión que pronunciaban los discípulos y prestamente anuló la orden de ellos. Su gran corazón rebosante de amor estaba abierto para recibir a los niños. A uno tras otro tomó en sus brazos y los bendijo, mientras que un pequeñuelo, reclinado contra su pecho, dormía profundamente. Jesús dirigió a las madres palabras de aliento referentes a su obra y ¡cuánto alivió así sus ánimos! ¡Con cuánto gozo se espaciaban ellas en la bondad y misericordia de Jesús al recordar aquella memorable ocasión! Las misericordiosas palabras de él habían quitado la carga que las oprimía y les habían infundido nueva esperanza y valor. Se había desvanecido todo su cansancio.

Fue una lección alentadora para las madres de todos los tiempos. Después de haber hecho lo mejor que puedan para beneficiar a sus hijos, pueden llevarlos a Jesús. Aun los pequeñuelos en los brazos de la madre resultan preciosos a los ojos de él. Y mientras la madre anhele verlos recibir la ayuda que ella no puede darles, la gracia que no puede otorgarles, y se confíe a sí misma, y a sus hijos en los brazos misericordiosos de Cristo, él los recibirá y los bendecirá; dará paz, esperanza y felicidad tanto a ella como a ellos. Este es un privilegio precioso que Jesús ha concedido a todas las madres.

Sigue invitando a las madres

Cristo, la Majestad del cielo, dijo: "Dejad los niños venir, y no se lo estorbéis; porque de los tales es el reino de Dios." Jesús no envía los niños a los rabinos; no los manda a los fariseos; porque sabe que esos hombres les enseñarían a rechazar a su mejor Amigo. Obraron bien las madres que llevaron a sus hijos a Jesús.... Conduzcan a Cristo a sus hijos las madres de hoy. Tomen a los niñitos en sus brazos los ministros del Evangelio y bendíganlos en el nombre de Jesús. Dirijan palabras del más tierno amor a los pequeñuelos; porque Jesús alzó en sus brazos los corderos del rebaño y los bendijo.

Acudan las madres a Jesús con sus perplejidades. Hallarán gracia suficiente para ayudarles en la dirección de sus hijos. Las puertas están abiertas para toda madre que quiera poner sus cargas a los pies del Salvador.... Sigue invitando a las madres a conducir a sus pequeñuelos para que sean bendecidos por él.

Aun el lactante en los brazos de su madre, puede morar bajo la sombra del Todopoderoso por la fe de su madre que ora. Juan el Bautista estuvo lleno del Espíritu Santo desde su nacimiento. Si queremos vivir en comunión con Dios, nosotros también podemos esperar que el espíritu divino amoldará a nuestros pequeñuelos, aun desde los primeros momentos.

Los corazones jóvenes son susceptibles

El [Cristo] se identificó con los humildes, los menesterosos y los afligidos. Tomó a los niños en sus brazos y descendió al nivel de los jóvenes. Su gran corazón lleno de amor podía comprender sus pruebas y necesidades, y se gozaba en su felicidad. Su espíritu, abrumado por el apresuramiento y la confusión de la ciudad atestada, cansado del trato con hombres astutos e hipócritas, hallaba descanso y paz en la compañía de los niños inocentes. Su presencia no los rechazaba nunca. La Majestad del cielo condescendía a responder a sus preguntas y simplificaba sus importantes lecciones para ponerlas al alcance de su entendimiento infantil. Implantaba en sus mentes juveniles en pleno desarrollo semillas de verdad que brotarían y producirían una mies abundante cuando fuesen más maduros.

Sabía que esos niños escucharían sus consejos y le aceptarían como su Redentor, mientras que los que eran sabios según el mundo y de corazón endurecido estarían menos inclinados a seguirle y a hallar cabida en el reino de Dios. Al acercarse estos pequeñuelos a Cristo y al recibir su consejo y bendición, la imagen de él y sus palabras misericordiosas se grababan en sus mentes plásticas, para no borrarse ya más. Debemos aprender una lección de este acto de Cristo, a saber que el corazón de los jóvenes es muy susceptible a las enseñanzas del cristianismo, pues es fácil influir en él en favor de la piedad y de la virtud, y es fuerte para conservar las impresiones recibidas.

"Dejad a los niños, y no les impidáis venir a mí; porque de los tales es el reino de los cielos." Estas preciosas palabras deben ser apreciadas, no sólo por toda madre, sino también por todo padre. Alientan a ambos padres para que presenten a sus hijos a Cristo y para pedir al Padre en su nombre que deje descansar su bendición sobre toda la familia. No son solamente aquellos a quienes más se ama quienes han de recibir atención especial, sino que también los niños inquietos y rebeldes necesitan educación cuidadosa y tierna dirección.

LA SEGUNDA MADRE

Consejos a una segunda madre

Su casamiento con un hombre que ya tiene hijos resultará en una bendición para Vd. . . . Estaba en peligro de concentrar demasiado su atención en sí misma. Tenía Vd. preciosos rasgos de carácter que necesitaban despertarse y ejercitarse.... Mediante sus nuevas relaciones adquirirá una experiencia que le enseñará a tratar con otras mentes. El cuidar a los niños desarrolla afecto, amor y ternura. Las responsabilidades que le incumban en su familia pueden ser el medio de alcanzar gran beneficio. Esos niños serán para Vd. un precioso libro de texto. Le reportarán muchas bendiciones si Vd. los estudia debidamente. Los pensamientos despertados al tener que cuidarlos le inducirán a ejercer ternura, amor y simpatía. Aunque esos niños no son parte de su carne y sangre, por haberse casado Vd. con su padre, han llegado a ser suyos, para que los ame, aprecie, instruya y atienda. Su relación con ellos le hará poner en acción pensamientos y planes que le serán de verdadero beneficio. . . . Por la experiencia que adquiera en su hogar, perderá las ideas egocéntricas que amenazaban con arruinar su obra y cambiará los planes rígidos que era necesario suavizar y subyugar....

Vd. necesitaba desarrollar mayor ternura y una simpatía más amplia, a fin de poder acercarse a los que necesiten palabras amables llenas de comprensión. Esos hijos le inducirán a manifestar aquellos rasgos de carácter y le ayudarán a desarrollar amplitud de miras y de juicio. Al tratarlos con amor, Vd. aprenderá a tener más ternura y simpatía en su ministerio por la humanidad doliente.

Reproches a una madrastra sin amor

Vd. amaba a su esposo y se casó con él. Sabía que al casarse con él se comprometía a ser como una madre para sus hijos. Pero he visto en Vd. una falta al respecto. Vd. revela una triste deficiencia. No ama a los hijos de su esposo, y a menos que cambie por completo, y haya una reforma cabal en Vd. y en su manera de regir la familia, estas joyas preciosas quedarán arruinadas. El amor y las manifestaciones de afecto no son parte de su disciplina....

Vd. hace la vida muy amarga a estos queridos niños, especialmente a la hija. ¿Dónde manifiesta afecto, amantes caricias, paciente tolerancia? En su corazón no santificado hay más odio que amor. La censura brota de sus labios más que las palabras de alabanza y aliento. Sus modales duros, su naturaleza carente de simpatía, son para aquella hija sensible como granizo asolador sobre una planta tierna; se inclina bajo cada ráfaga de viento hasta quedar aplastada, magullada y quebrantada.

Su administración está secando en sus hijos el caudal del amor, la esperanza y el gozo. El rostro de la niña expresa una tristeza permanente, pero, en vez de que esto despierte simpatía y ternura en Vd., provoca impaciencia e intenso desagrado. Si Vd. quiere, puede cambiar esta expresión en una que sea de animación y aliento....

Los niños comprenden lo que expresa el rostro de la madre; se dan cuenta de si es amor o desagrado. Vd. no entiende la obra que está haciendo. ¿No despierta su compasión la carita triste, el suspiro que brota de un corazón oprimido por el anhelo de amor?

Resultados de la severidad indebida

Hace algún tiempo me fue mostrado el caso de J. Me fueron revelados plenamente los errores que ha cometido; pero en la última visión que me fue dada ví que existían todavía esos males, que ella revelaba frialdad y falta de simpatía para con los hijos de su esposo. Administra corrección y reprensión no sólo por faltas graves, sino por asuntos triviales que debieran ser pasados por alto. Es malo censurar constantemente, y el espíritu de Cristo no puede morar en el corazón donde existe esta tendencia. Ella está dispuesta a pasar por alto el bien que hay en esos hijos, sin decirles una palabra de aprobación, pero está siempre lista para censurarlos si advierte algo malo. Esto desalienta de continuo a los niños e induce en ellos el hábito de no prestar atención. Despierta lo malo que hay en el corazón y remueve el lodo y la suciedad. En los niños que son censurados en forma habitual, se manifestará un espíritu de indiferencia, y con frecuencia malas pasiones, con olvido de las consecuencias....

La Hna. J. debe cultivar el amor y la simpatía. Debe manifestar tierno afecto para con los huérfanos de madre que están bajo su cuidado. Esto sería para esos hijos del amor de Dios una bendición que ellos harían reflejar sobre ella en afecto y amor.

Cuando se requiera doble cuidado

Los niños que han perdido a la persona de quien recibían amor maternal han sufrido una pérdida irreparable. Pero cuando alguien se aventura a reemplazar a la madre del pequeño rebaño afectado, le incumbe doble cuidado y responsabilidad de manifestar aun más amor, si es posible, y menos tendencia a censurar y a amenazar, que pudo haber en la propia madre, a fin de suplir la pérdida que sufrió la pequeña grey.

MODELOS IMPERFECTOS DE LA MATERNIDAD

Una mártir imaginaria

En más de un hogar las quejas inútiles de la dueña de casa crean una atmósfera muy desdichada. Ella se aparta con desagrado de las sencillas tareas de su humilde vida doméstica. Considera como penalidades los cuidados y deberes que le tocan en suerte; y lo que, mirado con buen ánimo, podría hacerse no sólo agradable e interesante, sino provechoso, llega a ser tan sólo penosa rutina. Mira con repugnancia la esclavitud de su vida y se imagina que es una mártir.

Es verdad que las ruedas de la maquinaria doméstica no funcionan siempre suavemente; suceden muchas cosas que prueban la paciencia y la fortaleza. Pero si bien las madres no son responsables de las circunstancias que no dependen de su voluntad, es innegable que las circunstancias pueden influir mucho en su trabajo. Sin embargo, esas madres resultan condenables cuando permiten que dichas circunstancias las gobiernen y subviertan sus principios, cuando se cansan y, siendo infieles a su elevado cometido, descuidan lo que saben es su deber.

La esposa y madre que vence noblemente las dificultades bajo las cuales otras personas sucumben, por falta de paciencia y fortaleza para perseverar, no sólo llega a ser fuerte ella misma al cumplir su deber, sino que su experiencia al vencer tentaciones y obstáculos la habilita para ayudar con eficiencia a otros, tanto por sus palabras como por su ejemplo. Muchas personas que obran bien en circunstancias favorables parecen sufrir, bajo la adversidad y las pruebas, una transformación en su carácter, y éste revela un deterioro proporcional a las dificultades.

Nunca quiso Dios que hubiésemos de ser juguetes de las circunstancias.

Alberga un descontento pecaminoso

Muchísimos esposos e hijos que no encuentran motivo alguno de atracción en la casa y de continuo son saludados con regaños y murmuraciones, buscan consuelo y diversión lejos del hogar, en la taberna u otros lugares de placer prohibido. A menudo, la esposa y madre, ocupada con los cuidados de la casa se olvida de las pequeñas cortesías que harían del hogar un sitio agradable para el esposo y los hijos, aun cuando en presencia de ellos no se queja mucho de sus vejámenes y dificultades peculiares. Mientras ella está ocupada en la preparación de algo que comer o de alguna prenda de vestir, el esposo y los hijos entran y salen como extraños.

Aunque la dueña de casa cumpla con exactitud sus deberes externos, puede suceder que esté continuamente clamando contra la esclavitud a la cual está condenada, y exagere sus responsabilidades y restricciones al comparar su suerte con lo que ella considera la vida superior de la mujer.... Mientras que anhela infructuosamente una vida diferente, alberga un descontento pecaminoso y hace de su hogar un lugar muy desagradable para su esposo y sus hijos.

Atareada en insensateces

Satanás ha preparado atracciones placenteras tanto para los padres como para los hijos. Sabe que si puede ejercer su poder engañador sobre las madres ha logrado mucho. Los caminos del mundo están llenos de engaño, fraude y desgracia, pero él les da una apariencia atrayente; y si los niños y los jóvenes no reciben cuidadosa preparación y disciplina, se extraviarán inevitable mente. No teniendo principios fijos, les será difícil resistir la tentación.

Asumen cargas innecesarias

Muchas madres dedican su tiempo a hacer naderías innecesarias. Prestan toda su atención a las cosas Relativos a este tiempo y a los sentidos, y no piensan en las cosas de interés eterno. ¡Cuántas descuidan a sus hijos, y los pequeñuelos se crían toscos y carentes de cultura!

Cuando los padres, y especialmente las madres, tengan un sentido verdadero de la obra importante y cargada de responsabilidad que Dios les ha dado que hacer, no se enfrascarán tanto en los asuntos que conciernen a sus vecinos, pero no les atañen a ellas. No irán de casa en casa para entregarse a chismes corrientes ni se espaciarán en los defectos, yerros e inconsecuencias de sus prójimos. Sentirán tanta preocupación por sus propios hijos que no podrán hallar tiempo para pensar en el oprobio de sus vecinos.

Si una mujer pide a Dios fuerza y consuelo y, temiéndole, procura cumplir sus deberes diarios, se granjeará el respeto y la confianza de su esposo y verá a sus hijos madurar en hombres y mujeres honorables, dotados de vigor moral para hacer lo recto. Pero las madres que descuidan sus oportunidades actuales, y dejan recaer sobre otros sus deberes y cargas, encontrarán que su responsabilidad permanece la misma, y segarán con amargura lo que hayan sembrado en su negligencia y descuido. Nada se hace por casualidad en esta vida; la mies será determinada por el carácter de lo sembrado.

La Salud de la Madre y su Apariencia Personal

La salud de la madre debe apreciarse

Hay que velar con cariño por las fuerzas de la madre. En vez de permitir que las malgaste en tareas agotadoras, hay que reducir sus cuidados y cargas. Muchas veces el esposo y padre desconoce las leyes físicas que el bienestar de su familia exige que conozca. Absorto en la lucha por la vida, o empeñado en labrarse una fortuna y acosado por cuidados y apuros, permite que caigan sobre la esposa y madre cargas que agotan sus fuerzas en el período más crítico de su vida y le causan debilidad y enfermedad.

Concuerda con su propio interés y el de su familia que se ahorre todo recargo innecesario de trabajo y que emplee todos los medios de que dispone para conservar la vida, la salud y las energías que Dios le dio. Porque necesitará para su gran obra el vigor de todas sus facultades. Debiera pasar una parte de su tiempo al aire libre, haciendo ejercicio físico, a fin de quedar vigorizada para hacer su trabajo dentro de la casa con buen ánimo y esmero, siendo la luz y la bendición del hogar.

Deben defender la reforma pro salud

La voluntad de Dios ha sido claramente expresada a todas las madres; el quiere que por sus preceptos y su ejemplo defiendan la reforma pro salud. Deben ser firmes en los buenos principios y en ningún caso violar las leyes físicas que Dios implantó en su ser. Con leal propósito y firme integridad, las madres dispondrán del poder y de la gracia del Cielo para dejar brillar su luz en el mundo, tanto por su propia conducta justa como por el carácter noble de sus hijos.

Tenga dominio propio en la alimentación

La madre necesita ejercer el más perfecto dominio propio; y para conseguirlo debe tomar toda precaución posible contra cualquier disturbio físico o mental. Debe ordenar su vida de acuerdo con las leyes de Dios y de la salud. Como la alimentación afecta materialmente el intelecto y la disposición, la madre debe ser muy cuidadosa al respecto y comer alimentos nutritivos, pero que no sean estimulantes a fin de tener nervios serenos y genio apacible. Le resultará entonces más fácil manifestar paciencia para tratar con las variables tendencias de sus hijos y para sostener las riendas del gobierno con firmeza y sin embargo afectuosamente.

Irradia alegría en toda circunstancia

La madre puede y debe hacer mucho para dominar sus nervios y ánimo cuando esté deprimida. Aun cuando está enferma, puede, si se educa a sí misma, manifestar una disposición agradable y alegre, y puede soportar más ruido de lo que una vez creyera posible. No debiera hacer sentir a los niños su propia flaqueza y nublar sus mentes jóvenes y sensibles por su propia depresión de espíritu, haciéndoles sentir que la casa es una tumba y que la pieza de mamá es el lugar más lúgubre del mundo. La mente y los nervios se entonan y fortalecen por el ejercicio de la voluntad. En muchos casos, la fuerza de voluntad resultará ser un potente calmante de los nervios. No dejéis que vuestros hijos os vean con rostros ceñudos.

Aprecie la estima de su esposo y de sus hijos

Cuando hacen su trabajo, las hermanas no deben vestir ropas que les den el aspecto de espantapájaros. A sus esposos e hijos les agradará aun más que a las visitas o a los extraños el verlas vestidas con ropas que les sienten bien. Algunas esposas y madres parecen creer que no tiene importancia el aspecto que ofrecen cuando trabajan y cuando las ven tan sólo sus familiares, pero son muy meticulosas en cuanto a vestirse con gusto si las han de ver personas hacia quienes no tienen obligaciones. ¿No deben apreciarse la estima y el amor del marido y de los hijos antes que los manifestados por extraños o amigos comunes? La felicidad del padre y de los hijos debe ser para toda esposa y madre más sagrada que la de todos los demás.

Lleve Vd. ropas que le sienten bien. Esto aumentará el respeto de sus hijos hacia Vd. Procure que ellos también vistan en forma adecuada. No permita que contraigan hábitos de desaseo.

No sea esclava de la opinión pública

Con demasiada frecuencia las madres manifiestan una sensibilidad mórbida con respecto a lo que los demás puedan pensar acerca de sus vestidos y opiniones; y son en gran medida esclavas de lo que piensan acerca de cómo otras personas las consideran. ¿No es lamentable que seres humanos encaminados hacia el juicio divino se rijan más por el pensamiento de lo que sus prójimos se imaginarán acerca de ellos antes que por el recuerdo de su obligación hacia Dios? Demasiado a menudo sacrificamos la verdad a fin de armonizar con las costumbres, para evitar el ridículo....

Una madre no puede someterse a la servidumbre de la opinión; porque debe educar a sus hijos para esta vida y para la venidera. En lo que toca al vestido, las madres no deben hacer ostentación de adornos inútiles.

Den lecciones de aseo y pureza

Si las madres se permiten llevar vestidos desaseados en la casa, enseñan a sus hijos a seguir por el mismo camino del desaliño. Muchas madres piensan que en la casa cualquier ropa es bastante buena, por sucia y desaliñada que esté. Pero pronto pierden su influencia en la familia. Los hijos comparan el vestido de la madre con el de quienes visten con aseo, y se debilita el respeto que le tienen.

Madres, haceos tan atrayentes como podáis; no por atavíos elaborados, sino llevando vestidos limpios, que os queden bien. Así daréis constantemente a vuestros hijos lecciones de aseo y pureza. Para toda madre el amor y el respeto de sus hijos debe ser lo más valioso. Todo lo que ella lleve sobre su persona debe enseñar el aseo y el orden y quedar asociado con la pureza en el recuerdo de ellos. Aun en la mente de los niños en tierna edad existe un sentido de lo que queda bien, una idea de lo que es propio; y ¿cómo puede hacérseles comprender lo deseable que son la pureza y la santidad cuando tienen diariamente bajo los ojos vestidos sucios y habitaciones desordenadas? ¿Cómo puede invitarse a que entren en moradas tales los huéspedes celestiales, que moran donde todo es puro y santo?

El orden y el aseo constituyen la ley del cielo; y a fin de ponernos en armonía con la disposición divina, tenemos el deber de revelar aseo y buen gusto.

INFLUENCIA DE LA MAMÁ

Llega hasta la eternidad

La esfera de la madre puede ser humilde; pero su influencia, unida a la del padre, es tan perdurable como la eternidad. Después de Dios, el poder la madre en favor del bien es el más fuerte que se conozca la tierra.

La influencia de la madre no cesa nunca; y si se hace sentir siempre en favor del bien, el carácter de sus hijos atestigua el fervor y valor moral de ella. Su sonrisa y estímulo puede ser una fuerza que inspire. Puede comunicar alegría al corazón de su hijito mediante una palabra de amor, una sonrisa de aprobación....

Cuando su influencia está de parte de la verdad y la virtud cuando la sabiduría divina guía a la madre, ¡cuánto poder ejercerá su vida en favor de Cristo! Su influencia llegará través del tiempo hasta la eternidad. ¡Cuán solemne es pensar que las miradas, palabras y acciones de la madre darán fruto en la eternidad, y que de su influencia resultará la salvación o la ruina de muchos!

Muy poco se percata la madre de que su influencia en educación juiciosa de sus hijos atraviesa con tanto poder las vicisitudes de esta vida para extenderse hasta la venidera inmortal. Para formar un carácter de acuerdo con el Modelo celestial se requiere mucha labor fiel, ferviente y perseverante; pero será recompensada, porque Dios es galardonador de todo trabajo bien dirigido en la salvación de almas.

Tal madre, tales hijos

El vínculo terrenal más tierno es el que liga a la madre con su hijo. Este queda más impresionado por la vida y el ejemplo de la madre que por la del padre, porque aquélla y el niño se ven unidos por un vínculo más fuerte y tierno.

Los pensamientos y sentimientos de la madre ejercerán una influencia poderosa sobre el legado que deje a su hijo. Si ella permite que su mente se espacie en sus propios sentimientos, si cede al egoísmo, si es regañona y exigente, la disposición de su hijo lo reflejará. Así es como muchos han recibido en herencia tendencias casi invencibles hacia el mal. El enemigo de las almas comprende este asunto mucho mejor que numerosos padres. Despliega sus tentaciones contra la madre, sabiendo que si ella no le resiste, él puede por su intermedio afectar a su hijo. La única esperanza de la madre se cifra en Dios. A él puede huir en procura de fuerza y gracia; y su búsqueda no será en vano.

Una, madre cristiana estará siempre bien despierta para discernir los peligros que rodeen a sus hijos. Mantendrá su alma en una atmósfera pura y santa; regirá su genio y sus principios por la Palabra de Dios y, haciendo fielmente su deber, vivirá por encima de las mezquinas tentaciones que siempre la asaltarán.

Sana influencia de una madre paciente

En el transcurso del día se oye gritar muchas, veces: ¡Mamá, mamá! Primero el llamamiento es el de una voz angustiada, y luego de otra. En respuesta, la madre debe volverse de un lado a otro para atender a las demandas. Uno de los hijos está en dificultad y necesita que la sabia cabeza de la madre lo libre de su perplejidad. Otro está tan complacido con alguno de sus juguetes que quiere que su madre lo vea, pues piensa que te agradará tanto como a él. Una palabra de aprobación infundirá alegría a su corazón por varias horas. Muchos preciosos rayos de luz y gozo puede derramar la madre aquí y allí entre sus preciosos pequeñuelos ¡Cuán estrechamente puede, ligarlos a su corazón, de modo que su presencia transforme para ellos cualquier lugar en el más asoleado del mundo!

Pero con frecuencia esas numerosas pruebas menudas, que casi no parecen merecer atención, agotan la paciencia de la madre. Las manos traviesas y los pies inquietos le ocasionan mucho trabajo y perplejidad. Debe sujetar firmemente las riendas del dominio propio, o escaparán de sus labios palabras de impaciencia. Vez tras vez está a punto de perder la calma, pero una oración silenciosa dirigida a su Redentor compasivo serena sus nervios, y puede dominarse con tranquila dignidad. Habla con voz queda, pero le ha costado un esfuerzo refrenar las palabras duras y subyugar los sentimientos de ira, que, de haberse expresado, habrían destruido su influencia, cuya reconquista habría requerido tiempo.

Los niños tienen la percepción rápida, y disciernen los tonos pacientes y amorosos en contraste con las órdenes impacientes y apasionadas, que desecan el raudal del amor y del afecto en los corazones infantiles. La verdadera madre cristiana no ahuyentará a sus hijos de su presencia por su irritación y falta de amor y simpatía.

Amolda mentes y caracteres

Esta responsabilidad recae principalmente sobre la madre, que con su sangre vital nutre al niño y forma su armazón física, le comunica también influencias intelectuales y espirituales que tienden a formar la inteligencia y el carácter. Jocabed, la madre hebrea de fe robusta y que no temía "el mandamiento del rey," fue la mujer de la cual nació Moisés, el libertador de Israel. Ana, la mujer que oraba, abnegada y movida por la inspiración celestial, dio a luz a Samuel, el niño instruido por el Cielo, el juez incorruptible, el fundador de las escuelas sagradas de Israel. Elisabet, la parienta de María de Nazaret y animada del mismo espíritu que ésta, fue madre del precursor del Salvador.

Lo que el mundo debe a las madres. El día de Dios revelará cuánto debe el mundo a las madres piadosas por los hombres que defendieron resueltamente la verdad y las reformas, hombres que fueron audaces para obrar y avanzar, que permanecieron indómitos entre pruebas y tentaciones; hombres que antes que los honores mundanales o la vida misma prefirieron los altos y santos intereses de la verdad y de la gloria de Dios.

Madres, despertad y reconoced que vuestra influencia y vuestro ejemplo afectan el carácter y el destino de vuestros hijos; y en vista de vuestra responsabilidad, desarrollad una mente bien equilibrada y un, carácter puro, que reflejen tan sólo lo verdadero, lo bueno y lo bello.

Falsos Conceptos Acerca de la Obra Materna

Tiende a restar importancia a su obra

Con frecuencia le parece a la madre que su trabajo es un servicio sin importancia, una obra que rara vez se aprecia; y que los demás saben muy poco de sus muchas cuitas y ocupaciones. Si bien sus días están ocupados con una larga lista de pequeños deberes, todos los cuales exigen esfuerzos pacientes, dominio propio, tacto, sabiduría y amor abnegado, ella no puede jactarse de haber realizado algo grande. Tan sólo ha logrado que las cosas del hogar marchen suavemente. A menudo cansada y perpleja, ha procurado hablar bondadosamente a los niños, mantenerlos ocupados y felices, guiando sus piecitos en la buena senda. Y le parece que no logró nada. Pero no es así. Los ángeles celestiales observan a la madre agobiada, y toman nota de la carga que lleva día tras día. Tal vez su nombre no haya sido oído en el mundo, pero está escrito en el libro de la vida del Cordero.

La esposa y madre fiel ... cumplirá sus deberes con dignidad y buen ánimo; no considerará que sea degradante hacer con sus propias manos cuanto sea necesario hacer en una casa bien ordenada.

No es inferior al servicio misionero

¡Cuán importante es esta obra! Y sin embargo oímos a algunas madres suspirar por la obra misionera. Si tan sólo pudiesen ir a algún país extranjero, considerarían que eso sería hacer algo que vale la pena. Pero la asunción de los deberes diarios en el hogar y el cumplimiento de ellos les parecen tarea agotadora e ingrata.

Las madres que suspiran por un campo misionero lo tienen a mano en el círculo de su propio hogar.... ¿No son las almas de sus hijos de tanto valor como las de los paganos? ¡Con cuánto cuidado y ternura debe ella observar sus mentes que se desarrollan y vincular con Dios todos los pensamientos de ellos! ¿Quién puede hacer esto tan eficazmente como una madre amante que teme a Dios?*

Hay quienes piensan que a menos que estén relacionados directamente con la obra religiosa activa, no están haciendo la voluntad de Dios; pero esto es un error. Cada uno tiene una obra que hacer para el Maestro; y es una obra admirable la que consiste en hacer que el hogar resulte agradable y todo lo que debe ser. Los talentos más humildes, si el que los recibió entrega su corazón a Dios, harán de la vida en el hogar todo lo que Dios quiere que sea. Una luz brillante resplandecerá como resultado del servicio rendido de todo corazón a Dios. Hombres y mujeres pueden servir a Dios tan seguramente como el ministro en el púlpito, si prestan fervorosa atención a lo que han oído y educan a sus hijos de manera que vivan temiendo ofender a Dios.

Las mujeres que, haciendo con buena voluntad lo que sus manos hallen por hacer, ayudan con espíritu alegre a sus esposos, a llevar sus cargas y educan a sus hijos para Dios, son misioneras en el sentido más elevado.

No reemplazan el cuidado de la familia

Si Vd. pasa por alto su deber como esposa y madre, y extiende las manos para que el Señor le confíe otra clase de trabajo, tenga por seguro que él no se contradirá; le señala el deber que Vd. debe hacer en casa. Si Vd. piensa que le ha sido confiada alguna obra mayor y más santa, está equivocada. Siendo fiel en su hogar y trabajando por las almas de aquellos que están más cerca de Vd., puede obtener idoneidad para trabajar por Cristo en un campo más amplio. Pero tenga la seguridad de que quienes descuidan su deber en el círculo familiar no están preparados para trabajar en favor de otras almas.

El Señor no la ha llamado a descuidar su hogar, su esposo y sus hijos. Nunca obra él así, ni lo hará jamás. . . . No piense por un momento que Dios le haya dado una obra que le exija que se separe de su pequeño pero precioso rebaño. No lo abandone exponiéndolo a que lo desmoralicen las compañías impropias y sus corazones se endurezcan contra su madre. Esto sería dejar brillar su luz en forma por completo errónea y hacer difícil que sus hijos lleguen a ser lo que él quiere que sean y al fin ganen el cielo. Dios se interesa por ellos, y Vd. también debe interesarse en ellos si es hija de él.

Durante los primeros años de la vida [de los niños] es cuando se ha de trabajar por ellos, velar, orar y alentar toda buena inclinación. Esta obra debe realizarse sin interrupción. Tal vez se le inste a Vd. a asistir a reuniones de madres y de costura, para hacer obra misionera; pero a menos que deje al lado de sus hijos una persona fiel que los instruya comprensivamente, es deber suyo contestar que el Señor le ha confiado otra obra que de ningún modo Vd. puede descuidar. No puede excederse en el trabajo de cualquier ramo sin descalificarse para la obra de educar a sus pequeñuelos y hacer de ellos lo que Dios quiere que sean. Como colaboradores de Cristo debe llevarlos a él disciplinados y preparados.

Gran parte de la deformación que sufre el carácter de un niño mal preparado es culpa de la madre. Esta no debe aceptar cargas de la iglesia que le obliguen a descuidar a sus hijos. La mejor obra a la cual puede dedicarse una madre consiste en que no se pierda una sola puntada en la educación de sus hijos....

De ninguna otra manera puede una madre prestar más ayuda a la iglesia que consagrando su tiempo a los que de ella dependen por su instrucción y preparación.

Vanas aspiraciones a tener un campo más amplio

Algunas madres anhelan dedicarse a la labor misionera, mientras que descuidan los deberes más sencillos que les tocan directamente. Descuidan a sus hijos y no contribuyen a que el hogar sea un lugar alegre y feliz para la familia, pues se quejan y regañan con frecuencia, de modo que los jóvenes se crían con el sentimiento de que su casa es el lugar menos atrayente. En consecuencia, esperan con impaciencia el momento de abandonarlo, y con poca vacilación se lanzan al vasto mundo, sin que los refrene, la influencia del hogar ni los tiernos consejos de la familia.

Los padres, cuyo objeto debiera haber, sido vincular consigo a estos corazones juveniles y guiarlos correctamente, desperdician las oportunidades que Dios les dio, no ven los deberes más importantes de su vida, y aspiran vanamente a trabajar en el ancho campo misionero.

EL PRIMER DEBER DE LA MADRE

Posibilidades de un niño bien enseñado

Dios ve todas las posibilidades que hay en esa partícula de humanidad. Ve que con la debida preparación el niño llegará a ser un poder para el bien en el mundo. Observa con ansioso interés para ver si los padres llevarán a cabo su plan o si por una bondad equivocada destruirán su propósito y por su indulgencia excesiva causarán la ruina del niño para este tiempo y la eternidad. Transformar a este ser desamparado y aparentemente insignificante en una bendición para el mundo y una honra para Dios es una obra grandiosa. Los padres no deben tolerar que cosa alguna se interponga entre ellos y la obligación que tienen para con sus hijos.

Una obra para Dios y la nación

Los que observan la ley de Dios consideran a sus hijos con sentimientos indefinibles de esperanza y temor, al preguntarse qué parte desempeñarán en el gran conflicto que los espera. La madre ansiosa pregunta: "¿Qué decisión tomarán? ¿Qué puedo hacer con el fin de prepararlos para desempeñar bien su parte, de modo que obtengan la gloria eterna?" Grandes responsabilidades pesan sobre vosotras, madres. Aunque no os destaquéis en los consejos nacionales, ... podéis hacer una gran obra para Dios y vuestra nación. Podéis educar a vuestros hijos. Podéis ayudarles a desarrollar caracteres que no vacilarán ni serán inducidos a hacer lo malo, sino que influirán en otros para que hagan lo bueno. Por vuestras fervientes oraciones de fe, podéis mover el brazo que mueve el mundo.

En la infancia y la juventud es cuando se debe dar instrucción. Debe educarse a los niños para que sean útiles. Se les debe enseñar a hacer lo que es necesario hacer en la vida familiar; y los padres deben dar a estos deberes un carácter tan agradable como sea posible mediante bondadosas palabras de instrucción y aprobación.

Muchos descuidan la educación en el hogar

A pesar del tan elogiado progreso que se ha alcanzado en los métodos educativos, la preparación actual de los niños adolece de una triste deficiencia. Lo que se descuida es la preparación que debe darse en el hogar. Los padres, especialmente las madres, no comprenden su responsabilidad. No tienen paciencia para instruir a los pequeñuelos confiados a su custodia ni sabiduría para gobernarlos.

Es demasiado cierto que las madres no ocupan el puesto al cual las llama el deber, y no son fieles a su condición de madres. Nada nos exige Dios que no podamos cumplir con su fuerza, nada que no sea para nuestro propio bien y el de nuestros hijos.

Procuren las madres la ayuda divina

Si las madres comprendiesen la importancia de su misión, pasarían mucho tiempo en oración secreta, para presentar a sus hijos a Jesús, implorar su bendición sobre ellos y solicitar sabiduría para cumplir correctamente sus deberes sagrados. Aproveche la madre toda oportunidad para modelar la disposición y los hábitos de sus hijos. Observe con cuidado el desarrollo de sus caracteres para reprimir los rasgos demasiado salientes y estimular aquellos en que sean deficientes. Haga de su propia vida un ejemplo noble y puro para los seres preciosos que le han sido confiados.

La madre debe dedicarse a su trabajo con valor y energía, confiando constantemente en que la ayuda divina descansará sobre todos sus esfuerzos. No debe descansar satisfecha antes de ver en sus hijos una elevación gradual de carácter, antes que ellos tengan en la vida un objeto superior al de procurar tan sólo su propio placer.

Es imposible evaluar el poder que ejerce la influencia de una madre que ora. Ella reconoce a Dios en todos sus caminos. Lleva a sus hijos ante el trono de gracia y presentándolos a Jesús le suplica que los bendiga. La influencia de esos ruegos es para aquellos hijos una "fuente de vida." Esas oraciones, ofrecidas con fe, son el apoyo y la fuerza de la madre cristiana. Descuidar el deber de orar con nuestros hijos es perder una de las mayores bendiciones que están a nuestro alcance, uno de los mayores auxilios que podamos obtener en medio de las perplejidades, los cuidados y las cargas de nuestra vida.

El poder de las oraciones de una madre no puede sobrestimarse. La que se arrodilla al lado de su hijo y de su hija a través de las vicisitudes de la infancia y de los peligros de la juventud, no sabrá jamás antes del día del juicio qué influencia ejercieron sus oraciones sobre la vida de sus hijos. Si ella se relaciona por la fe con el Hijo de Dios, su tierna mano puede substraer a su hijo del poder de la tentación, e impedir que su hija participe en el pecado. Cuando la pasión guerrea para predominar, el poder del amor, la influencia resuelta, fervorosa y refrenadora que ejerce la madre puede inclinar al alma hacia lo recto.

Cuando las visitas la interrumpan

Debéis tomar tiempo para conversar y orar con vuestros pequeñuelos y no permitir que cosa alguna interrumpa esos momentos de comunión con Dios y con vuestros hijos. Podéis decir a vuestros visitantes: "Dios me ha dado una obra que hacer, y no tengo tiempo para charlar." Debéis considerar que tenéis una obra que hacer para este tiempo y para la eternidad. Vuestro primer deber es hacia vuestros hijos.

Vuestros hijos vienen antes que las visitas, antes que toda otra consideración. . . . La labor debida a vuestro hijo durante sus primeros años no admite negligencia. No hay en su vida un momento en que pueda olvidarse la regla.

No los mande afuera para poder agasajar a las visitas; antes enséñeles a permanecer quietos y respetuosos en presencia de las visitas.

Modelos de bondad y nobleza

Madres, cuidad vuestros preciosos momentos. Recordad que vuestros hijos avanzan hacia el punto en que escaparán a vuestra educación y preparación. Podéis ser para ellos modelos de todo lo que es bueno, puro y noble. Identificad vuestros intereses con los suyos.

Aun cuando fracaséis en todo lo demás, sed en esto esmeradas y eficientes. Si vuestros hijos resultan puros y virtuosos por la educación que reciban en el hogar, si desempeñan el puesto más ínfimo en el gran plan de Dios para el bien del mundo, vuestra vida no habrá fracasado ni experimentaréis remordimiento al repasarla.

Los pequeñuelos constituyen un espejo en el cual la madre puede ver reflejados sus propios hábitos y comportamiento. ¡Cuánto cuidado debe ejercer por lo tanto acerca de su lenguaje y conducta en presencia de esos pequeños discípulos! Cualesquiera que sean los rasgos de carácter que ella desee que se desarrollen en ellos, debe cultivarlos en sí misma.

Supere las normas del mundo

La madre no debe regirse por la opinión del mundo, ni trabajar para alcanzar la norma del mismo. Debe decidir por su cuenta cuál es el gran fin de la vida y luego dedicar todos sus esfuerzos a alcanzarlo. Puede, por falta de tiempo, desatender muchas cosas en su casa, sin resultados graves; pero no puede descuidar con impunidad la debida disciplina de sus hijos. El carácter deficiente que ellos desarrollen publicará la infidelidad de ella. Los males que ella deje sin corregir, los modales toscos y rudos, la desobediencia y la falta de respeto, los hábitos de ociosidad y descuido, reflejarán deshonor sobre la vida de ella y la amargarán. Madres, el destino de vuestros hijos se halla en 243 gran parte en vuestras manos. Si no cumplís vuestro deber, puede ser que los coloquéis en las filas de Satanás y los hagáis agentes suyos para arruinar otras almas. O de lo contrario vuestra disciplina fiel y vuestro ejemplo piadoso pueden conducirlos a Cristo, y ellos a su vez influirán en otros, y así muchas almas podrán salvarse por vuestro intermedio.

Cultiven lo bueno y repriman lo malo

Los padres han de cooperar con Dios criando a sus hijos en el amor y temor de él. No pueden desagradarle más de lo que le desagradan al no educar correctamente a sus hijos.... Deben velar cuidadosamente sobre las palabras y acciones de sus pequeñuelos, no sea que el enemigo adquiera influencia sobre ellos. Es su intenso deseo lograrlo, para contrarrestar el propósito de Dios. Con bondad, interés y ternura, los padres han de trabajar en favor de sus hijos, cultivando todo lo bueno y reprimiendo todo lo malo que se desarrolle en el carácter de sus pequeñuelos.

El gozo de una obra bien hecha

Los hijos son la herencia del Señor, y somos responsables ante él por el manejo de su propiedad. . . . La educación y preparación de sus hijos para que sean cristianos es el servicio de carácter más elevado que los padres puedan ofrecer a Dios. Es una obra que demanda un trabajo paciente, y un esfuerzo diligente y perseverante que dura toda la vida. Al descuidar este propósito demostramos ser mayordomos desleales. . . .

Trabajen los padres por los suyos, con amor, fe y oración, hasta que gozosamente puedan presentarse a Dios diciendo: "He aquí, yo y los hijos que me dio Jehová."

INFLUENCIAS PRENATALES


Las mujeres deben prepararse para ser madres

Las mujeres necesitan tener mucha paciencia antes de poder llega a ser madres. Dios ha dispuesto que sean idóneas para esto. Por la relación que la madre sostenga con Cristo, su obra llega a ser infinita y sobrepuja el entendimiento. El cargo de la mujer es sagrado. Se necesita la presencia de Jesús en el hogar; porque los servicios de amor que presta la madre pueden hacer del hogar un Betel. Ambos esposos deben cooperar.

¡Qué mundo no tendríamos si todas las madres se consagrasen sobre el altar de Dios, y dedicasen a Dios sus hijos, tanto antes como después de su nacimiento!

Importancia de las influencias prenatales

Muchos padres creen que el efecto de las influencias prenatales es cosa de poca monta; pero el Cielo no las considera así. El mensaje enviado por un ángel de Dios y reiterado en forma solemnísima merece que le prestemos la mayor atención.

Al hablar a la madre hebrea [la esposa de Manoa], Dios se dirige a todas las madres de todos los tiempos. "Ha de guardar -dijo el ángel- todo lo que le mandé." El bienestar del niño dependerá de los hábitos de la madre. Ella tiene, pues, que someter sus apetitos y sus pasiones al dominio de los buenos principios. Hay algo que ella debe rehuir, algo contra lo cual debe luchar si quiere cumplir el propósito que Dios tiene para con ella al darle un hijo.

El mundo está lleno de trampas para los jóvenes. Muchísimos son atraídos por una vida de placeres egoístas y sensuales. No pueden discernir los peligros ocultos o el fin temible de la senda que a ellos les parece camino de la felicidad. Cediendo a sus apetitos y pasiones, malgastan sus energías, y millones quedan perdidos para este mundo y para el venidero. Los padres deberían recordar siempre que sus hijos tienen que arrostrar estas tentaciones. Deben preparar al niño desde antes de su nacimiento para predisponerlo a pelear con éxito las batallas contra el mal.

Si, antes del nacimiento de éste [su hijo], la madre procura complacerse a sí misma, si es egoísta, impaciente e imperiosa, estos rasgos de carácter se reflejarán en el temperamento del niño. Así se explica que muchos hijos hayan recibido por herencia tendencias al mal que son casi irresistibles.

Pero si la madre se atiene invariablemente a principios rectos, si es templada y abnegada, bondadosa, apacible y altruista, puede transmitir a su hijo estos mismos preciosos rasgos de carácter.

Lo esencial del cuidado prenatal

Un error que se comete a menudo es el de no establecer diferencia alguna en la vida de una mujer cuando está por llegar a ser madre. Durante este periodo importante debe aligerarse su labor. Se están produciendo grandes cambios en su organismo. Este requiere mayor cantidad de sangre, y por lo tanto debe recibir más alimento, y de la calidad más nutritiva, para que lo convierta en sangre. A menos que ella obtenga una abundancia de alimento nutritivo, no podrá conservar su fuerza física, y su descendencia quedará privada de vitalidad.* Su indumentaria también exige atención. Debe ejercerse cuidado para proteger el cuerpo y evitarle la sensación de enfriamiento. No conviene que la vitalidad sea atraída innecesariamente a la superficie para suplir la falta de ropa suficiente. Si la madre se ve privada de una abundancia de alimento sano y nutritivo, su sangre será deficiente en cantidad y calidad. Tendrá mala circulación, y su hijo adolecerá de lo mismo. Se verá incapacitado para asimilar el alimento y convertirlo en buena sangre que nutra el organismo. La prosperidad de la madre y del niño depende mucho de que lleven ropa adecuada, bien abrigada, y de que obtengan suficiente alimento nutritivo.

Debe ejercerse mucho cuidado para que la madre esté en un ambiente agradable y feliz. El esposo y padre tiene la responsabilidad especial de hacer cuanto esté a su alcance para aligerar la carga de la esposa y madre. En todo lo posible debe llevar él la carga que representa la condición de ella. Debe ser afable, cortés, bondadoso y tierno, y prestar atención especial a todo lo que ella necesite. Mientras que están gestando a sus hijos, algunas mujeres no reciben ni la mitad del cuidado que se concede a ciertos animales en el establo.

El apetito solo no es guía segura

La idea de que, a causa de su condición especial, las mujeres pueden dar rienda suelta al apetito, es un error basado en las costumbres, pero no en el buen sentido. El apetito de las mujeres en tal condición puede ser variable, caprichoso y difícil de satisfacer; pero la costumbre les permite obtener cuanto se les antoje, sin consultar la razón para saber si el tal alimento puede suplir nutrición para su cuerpo y para el desarrollo de su hijo. El alimento debe ser nutritivo, pero no excitante. ... Si en alguna época se necesita sencillez en la alimentación y cuidado especial en cuanto a la calidad de lo ingerido, es durante este plazo importante.

Las mujeres que se rigen por buenos principios, y que hayan sido bien instruidas, no se apartarán de la sencillez en la alimentación, y mucho menos durante ese período. Considerarán que de ellas depende otra vida, y serán cuidadosas en todos sus hábitos y especialmente en su alimentación. No deben comer lo que no tiene valor alimenticio y sea excitante, simplemente porque tiene buen sabor. Hay demasiados consejeros dispuestos a persuadirlas a que hagan cosas que la razón debiera prohibirles. Nacen niños enfermizos porque sus padres se entregaron a la satisfacción de su apetito. . . . Si se introduce en el estómago tanto alimento que los órganos digestivos estén recargados de trabajo para deshacerse de él y librar al organismo de substancias irritantes, la madre comete una injusticia hacia sí misma y echa los fundamentos de la enfermedad en su descendencia. Si decide comer lo que le agrade y lo que se le antoje, sin tener en cuenta las consecuencias, sufrirá la penalidad, pero no sola. También su hijito inocente sufrirá por causa de la indiscreción de ella.

Se necesita dominio propio y templanza

Las necesidades físicas de la madre no deben descuidarse en manera alguna. Dos vidas dependen de ella, y sus deseos deben ser cariñosamente atendidos, y sus necesidades satisfechas con liberalidad. Pero en este período más que nunca debe evitar, en su alimentación y en cualquier otro asunto, todo lo que pudiera menoscabar la fuerza física o intelectual. Por mandato de Dios mismo, la madre está bajo la más solemne obligación de ejercer dominio propio.

La base de un carácter correcto en el hombre futuro queda afirmada por hábitos de estricta temperancia de parte de la madre antes de que nazca el niño.... Esta lección no debe considerarse con indiferencia.

Aliéntese una disposición alegre

Toda mujer a punto de ser madre, cualquiera que sea su ambiente, debe fomentar constantemente una disposición feliz, alegre y contenta, sabiendo que por todos los esfuerzos que haga en tal sentido se verá resarcida diez veces en la naturaleza física y moral de su hijo. Ni es esto todo. Ella puede acostumbrarse por hábito a pensar animosamente, y así alentar una condición mental 234 feliz como alegre reflejo de su propio espíritu de dicha sobre su familia y sobre aquellos con quienes trate. Su propia salud física quedará muy mejorado. Las fuentes de la vida recibirán fuerza; la sangre no circulará perezosamente, como sucedería si ella cediese al abatimiento y la lobreguez. Su salud mental y moral será vigorizada por su buen ánimo. El poder de la voluntad puede resistir las impresiones mentales y será un gran calmante para los nervios. Los niños que han sido privados de la vitalidad que debieran haber heredado de sus padres deben recibir el máximo cuidado. Si se presta detenida atención a las leyes de su ser, se puede crear una condición mucho mejor.

Conserve una actitud de paz y confianza

La que espera ser madre debe conservar el amor de Dios en su alma. Su ánimo debe estar en paz; debe descansar en el amor de Jesús y practicar sus palabras. Debe recordar que las madres colaboran con Dios.

El Cuidado de los Pequeñuelos

Actitudes correctas en la que amamanta

El mejor alimento para el niño el que suministra la naturaleza. No debe privársele de él sin necesidad. Es muy cruel que la madre, por causa de las conveniencias y los placeres sociales, procure libertarse del desempeño de su ministerio materno de amamantar a su pequeñuelo.

El período durante el cual el niño es nutrido por su madre es crítico. A muchas madres, mientras amamantaban a sus pequeñuelos, se les ha permitido trabajar en exceso y afiebrarse la sangre cocinando. El mamante quedó gravemente afectado, no sólo por la nutrición afiebrada del pecho materno, sino que su sangre fue envenenada por el régimen malsano de la madre, que inflamó, todo su organismo y con ello afectó la alimentación del niño. Este quedará también afectado por la condición mental de la madre. Si ella es desdichada e irritable, si se agita fácilmente y es dada a ataques de ira, la nutrición que el niño recibe del pecho materno será inflamada, y con frecuencia producirá cólicos y espasmos, y en algunos casos convulsiones y ataques.

También el carácter del niño se ve afectado en mayor o menor medida por la naturaleza del alimento que recibe de su madre. Cuán importante es, pues, que mientras la madre amamante a su hijo se mantenga en condición mental feliz, teniendo perfecto dominio de su propio ánimo. Si obra así, la nutrición del niño no sufrirá perjuicio, y la conducta serena de la madre dueña de sí en el trato que da a su hijo contribuirá mucho a amoldar la mente del niño. Si éste es nervioso y se agita con facilidad, la actitud cuidadosa y reposada de la madre ejercerá una influencia suavizadora y correctora, y mejorará mucho la salud del infante.

Cuanto más tranquila y sencilla la vida del niño, más favorable será para su desarrollo físico e intelectual. La madre debería procurar siempre conservarse tranquila, serena y dueña de sí misma.

El alimento no reemplaza la atención

Los infantes han sufrido mucho por haber sido tratados incorrectamente. Por lo general, si eran irritables se les alimentaba para hacerlos callar, cuando, en la mayoría de los casos, su irritación se debía precisamente al hecho de haber recibido en exceso un alimento hecho perjudicial por los hábitos erróneos de la madre. Tal exceso de alimento no podía sino empeorar las cosas, pues su estómago estaba ya recargado.

Generalmente, desde la cuna se enseña a los niños a satisfacer su apetito y a vivir para comer. Durante la infancia, la madre contribuye mucho a la formación del carácter de sus hijos. Puede enseñarles a dominar el apetito, o a satisfacerlo y volverse glotones. Es frecuente que la madre ordene sus planes para hacer cierta cantidad de trabajo durante el día; y cuando los niños la molestan, en vez de tomarse el tiempo para calmar sus pequeñas tristezas y distraerlos, los acalla dándoles de comer, lo cual cumple su fin durante breve plazo, pero al fin empeora las cosas. El estómago de los niños quedó atestado de alimento cuando menos lo necesitaba. Todo lo que ellos requerían era un poco del tiempo y de la atención de su madre, pero ella consideraba su tiempo como demasiado precioso para dedicarlo a entretener a sus hijos. Posiblemente la tarea de ordenar su casa con buen gusto, a fin de merecer la alabanza de las visitas, y la de preparar alimentos en forma aceptable, son para ella de más importancia que la felicidad y la salud de sus hijos.

Comida sana, apetitosa y sencilla

La comida debe ser tan sencilla que su preparación no absorberá todo el tiempo de la madre. Es verdad que debe dedicarse cierto cuidado a proveer alimentos sanos, preparados en forma también sana y atrayente, y no se ha de creer que cualquier cosa que se pueda mezclar descuidadamente para servirlo como alimento es bastante bueno para los niños. Sin embargo, debiera dedicarse menos tiempo a la preparación de platos malsanos y al esfuerzo por agradar al gusto pervertido, y más tiempo a la educación e instrucción de los niños.

Preparación del ajuar para el niño

En la preparación del ajuar para el niño hay que buscar lo que más conviene, la comodidad y la salud, antes que la moda o el deseo de despertar la admiración. La madre no debe gastar tiempo en bordados y en labores de fantasía para embellecer la ropa de su pequeñuelo, ni imponerse así una carga de trabajo inútil, a costa de su salud y de la del niño. No debe cansarse encorvándose sobre labores de costura que comprometen su vista y sus nervios, cuando necesita mucho descanso y ejercicio agradable. Debe comprender la obligación de conservar sus fuerzas para hacer frente a lo que de ella exigirá su cargo.

Proporciónesele aseo, calor y aire puro

Los infantes requieren calor, pero se incurre muchas veces en el grave error de tenerlos en cuartos caldeados y faltos de aire puro. . . .

Debe evitarse a la criatura toda influencia que tienda a debilitar o envenenar su organismo. Debe ejercerse el más escrupuloso cuidado para que cuanto la rodee sea agradable y limpio. Es necesario proteger al pequeñuelo de los cambios repentinos y excesivos de la temperatura; pero hay que cuidar de que cuando duerma o esté despierto, de día o de noche, respire aire puro y vigorizante.

El cuidado de los niños enfermos

En muchos casos las enfermedades de los niños pueden achacarse a equivocaciones en el modo de cuidarlos. Las irregularidades en las comidas, la ropa insuficiente en las tardes frías, la falta de ejercicio activo para conservar la buena circulación de la sangre, la falta de aire abundante para purificarla, pueden ser causa del mal. Estudien los padres las causas de la enfermedad, y remedien cuanto antes toda condición defectuosa.

Todos los padres pueden aprender mucho con respecto al cuidado y a las medidas preventivas y aun al tratamiento de la enfermedad. La madre en particular debe saber qué hacer en los casos comunes de enfermedad en su familia. Debe saber atender a su enfermito. Su amor y perspicacia deben capacitarla para prestar servicios que no podrían encomendarse a una mano extraña.

LA MADRE REYNA DE LA FAMILIA

Posición y Responsabilidades de la Madre

Igual al esposo

La mujer debe ocupar el puesto que Dios le designó originalmente como igual a su esposo. El mundo necesita madres que lo sean no sólo de nombre sino en todo sentido de la palabra. Puede muy bien decirse que los deberes distintivos de la mujer son más sagrados y más santos, que los del hombre. Comprenda ella el carácter sagrado de su obra y con la fuerza y el temor de Dios, emprenda su misión en la vida. Eduque a sus hijos para que sean útiles en este mundo y obtengan un hogar en el mundo mejor.

La esposa y madre no debe sacrificar su fuerza ni dejar dormir sus facultades apoyándose por completo en su esposo. La individualidad de ella no puede fundirse en la de él. Debe considerar que tiene igualdad con su esposo, que debe estar a su lado permaneciendo fiel en el puesto de su deber y él en el suyo. Su obra en la educación de sus hijos es en todo respecto tan elevadora y ennoblecedora como cualquier puesto que el deber de él le llame a ocupar, aun cuando fuese la primera magistratura de la nación.

La reina del hogar

Al rey en su trono no incumbe una obra superior a la de la madre. Esta es la reina de su familia. A ella le toca modelar el carácter de sus hijos, a fin de que sean idóneos para la vida superior e inmortal. Un ángel no podría

pedir una misión más elevada; porque mientras realiza esta obra la madre está sirviendo a Dios. Si tan sólo comprende ella el alto carácter de su tarea, le inspirará valor. Percátese del valor de su obra y vístase de toda la armadura de Dios a fin de resistir a la tentación de conformarse con la norma del mundo. Ella obra para este tiempo y para la eternidad.

La madre es la reina del hogar, y los niños son sus súbditos. Ella debe gobernar sabiamente su casa, en la dignidad de su maternidad. Su influencia en el hogar ha de ser suprema; su palabra, ley. Si ella es cristiana, bajo la dirección de Dios, conquistará el respeto de sus hijos.

Se debe enseñar a los niños a considerar a su madre, no como una esclava cuyo trabajo consiste en servirlos, sino como una reina que ha de guiarlos y dirigirlos enseñándoles renglón tras renglón, precepto tras precepto.

Comparación gráfica de valores

Rara vez aprecia la madre su propia obra y a menudo atribuye un valor tan bajo a su labor que la considera como pesada rutina doméstica. Hace lo mismo día tras día, semana tras semana, sin ver resultados especialmente notables. Al fin del día no puede contar las muchas cositas que ha hecho. En comparación con lo que ha logrado su esposo, le parece que no ha hecho cosa alguna digna de mención.

Con frecuencia el padre vuelve con aire satisfecho de sí mismo y relata orgullosamente lo que ha logrado durante el día. Sus palabras indican que ahora la madre debe servirle, porque ella no ha hecho gran cosa fuera de cuidar a los niños, preparar la comida y mantener la casa en orden. No ha actuado como negociante, pues nada ha comprado o vendido; no ha labrado la tierra; no ha actuado como mecánica; por lo tanto no ha hecho nada que la canse. El critica, censura y dicta como si fuese el señor de la creación. Esto resulta tanto más duro de soportar para la esposa y madre por cuanto se ha cansado mucho cumpliendo su deber durante el día, sin que pueda verse lo que ha hecho, y ella se descorazona realmente.

Si se descorriese el velo y ambos padres pudieran ver el trabajo del día como Dios lo ve, y discernir como su ojo infinito compara la labor de ambos, se asombrarían ante la revelación celestial. El padre consideraría sus labores con más modestia, mientras que la madre cobraría nuevo valor y energía para proseguir su tarea con sabiduría, perseverancia y paciencia. Conocería entonces su labor. Mientras que el padre trató con cosas perecederas que pasarán, la madre contribuyó a desarrollar mentes y caracteres y trabajó no sólo para este tiempo, sino para la eternidad.

Dios le señaló su obra

¡Ojalá que cada madre pudiera percatarse de cuán importantes son sus deberes y sus responsabilidades y de cuán grande será la recompensa de su fidelidad!

La madre que asume animosamente los deberes que le tocan directamente verá que la vida le resulta preciosa porque Dios le dio una obra que hacer. En esta obra no necesita forzosamente empequeñecer su mente ni dejar que su intelecto se debilita

La obra de la madre le fue asignada por Dios, a saber la de criar a sus hijos en la disciplina y admonición del Señor. Debe recordar siempre a sus tiernos intelectos el amor y temor de Dios. Cuando los corrige, debe enseñarles a considerar que son amonestados por Dios, a quien desagradan el engaño, la falsedad y las malas acciones. De esta manera el espíritu de los pequeñuelos podrá relacionarse con Dios en forma tal que todo lo que hagan y digan será para gloria de él; y en años ulteriores no serán como el junco bajo el viento y no vacilarán continuamente entre sus inclinaciones y el deber.

Conducirlos a Jesús no es todo lo que se requiere. . . . Estos niños han de ser educados y preparados para llegar a ser discípulos de Cristo, para "que nuestros hijos sean como

plantas crecidas en su juventud; nuestras hijas como las esquinas labradas a manera de las de un palacio." A la madre incumbe esta obra de modelado, refinamiento y pulimento. El carácter del niño debe ser desarrollado. La madre debe grabar en las tablillas del corazón lecciones tan perdurables como la eternidad; y tendrá por cierto que arrostrar el desagrado del Señor si descuida esta obra sagrada o permite que cualquier cosa la estorbe en ella.... La madre cristiana tiene su obra, que Dios le ha señalado, y no la descuidará si vive en estrecha relación con Dios y compenetrada de su Espíritu.

Su grande y noble misión

A toda madre se le confían oportunidades de valor inestimable e intereses infinitamente valiosos. El humilde conjunto de deberes que las mujeres han llegado a considerar como una tarea tediosa debiera ser mirado como una obra noble y grandiosa. La madre tiene el privilegio de beneficiar al mundo por su influencia, y al hacerlo impartirá gozo a su propio corazón. A través de luces y sombras, puede trazar sendas rectas para los pies de sus hijos, que los llevarán a las gloriosas alturas celestiales. Pero sólo cuando ella procura seguir en su propia vida el camino de las enseñanzas de Cristo, puede la madre tener la esperanza de formar el carácter de sus niños de acuerdo con el modelo divino.

Entre todas las actividades de la vida, el deber más sagrado de la madre es para con sus hijos. Pero ¡cuán a menudo se deja de lado este deber para buscar alguna satisfacción egoísta! A los padres han sido confiados los intereses actuales y eternos de sus hijos. Han de empuñar las riendas del gobierno y guiar a sus familias para que honren a Dios. La ley de Dios debe ser su norma, y el amor debe regir en todo.

No hay obra mayor ni más santa

Si entran en la obra hombres casados, dejando a sus esposas en casa para que cuiden a los niños, la esposa y madre está haciendo una obra tan grande e importante como la que hace el esposo y padre.

Mientras que el uno está en el campo misionero, la otra es misionera en el hogar, y con frecuencia sus ansiedades y cargas exceden en mucho a las del esposo y padre. La obra de la madre es solemne e importante.... El esposo puede recibir honores de los hombres en el campo misionero, mientras que la que se afana en casa no recibe reconocimiento terreno alguno por su labor; pero si trabaja en pro de los mejores intereses de su familia, tratando de formar su carácter según el Modelo divino, el ángel registrador la anotará como uno de los mayores misioneros del mundo. Dios no ve las cosas como las percibe la visión finita del hombre.

La madre es agente de Dios para hacer cristiana a su familia. Debe dar un ejemplo de religión bíblica y demostrar como la influencia de esta religión ha de regirnos en los deberes y placeres diarios, al enseñar a sus hijos que pueden salvarse únicamente por la gracia, mediante la fe, que es don de Dios. Esta enseñanza constante acerca de lo que Cristo es para nosotros y para ellos y acerca de su amor, su bondad y su misericordia revelados en el gran plan de salvación, dejará en el corazón impresiones santificadas y sagradas.

La educación de los hijos constituye una parte importante del plan de Dios para demostrar el poder del cristianismo. Incumbe a los padres una responsabilidad solemne en cuanto a educar a sus hijos de tal manera que cuando salgan al mundo, harán bien y no mal a aquellos con quienes traten.

Colabora con el pastor

El ministro tiene su tarea, y la madre tiene la suya. Ella debe llevar a sus hijos a Jesús para que los bendiga. Debe apreciar las palabras de Cristo y enseñarlas a sus hijos. Desde la infancia de éstos debe enseñarles a ejercer dominio propio y abnegación, así como hábitos de aseo y orden. La madre puede criar a sus, hijos de tal manera que acudirán a escuchar con corazón abierto y tierno las palabras de los siervos de Dios. El Señor necesita madres que en todo ramo de la vida hogareña aprovechen los talentos que él les dio y preparen a sus hijos para la familia del cielo.

Mediante un fiel trabajo doméstico, se sirve al Señor tanto, o aun más, que al enseñar la Palabra. Tan ciertamente como lo son los maestros en la escuela, los padres y las madres deben considerarse como educadores de sus hijos. La esfera de utilidad que incumbe a la madre cristiana no debe quedar estrechada por su vida doméstica. La influencia saludable que ella ejerce en el círculo familiar puede hacerla sentir, y así lo hará, en una utilidad más amplia dentro de su vecindario y en la iglesia de Dios. El hogar no es una cárcel para la esposa y madre consagrada.

Tiene una misión vitalicia

Comprenda la mujer el carácter sagrado de su obra y, con la fuerza de Dios y temiéndole, emprenda su misión en la vida. Eduque a sus hijos para que sean útiles en este mundo e idóneos para el mundo mejor. Nos dirigimos a las madres cristianas. Les suplicamos que sientan su responsabilidad como madres y no vivan para agradarse a sí mismas, sino para glorificar a Dios. Cristo no se complació a sí mismo, sino que asumió forma de siervo. El mundo rebosa de influencias corruptoras. Las modas y las costumbres ejercen sobre los jóvenes una influencia poderosa. Si la madre no cumple su deber de instruir, guiar y refrenar a sus hijos, éstos aceptarán naturalmente lo malo y se apartarán de lo bueno. Acudan todas las madres a menudo a su Salvador con la oración: "¿Qué orden se tendrá con el niño, y qué ha de hacer?" Cumpla ella las instrucciones que Dios dio en su Palabra, y se le dará sabiduría a medida que la necesiten

Reproduce la semejanza divina

Hay un Dios en lo alto, y la luz y gloria de su trono iluminan a la madre fiel que procura educar a sus hijos para que resistan a la influencia del mal. Ninguna otra obra puede igualarse en importancia con la suya. La madre no tiene, a semejanza del artista, alguna hermosa figura que pintar en un lienzo, ni como el escultor, que cincelarla en mármol. Tampoco tiene, como el escritor, algún pensamiento noble que expresar en poderosas palabras, ni que manifestar, como el músico, algún hermoso sentimiento en melodías. Su tarea es desarrollar con la ayuda de Dios la imagen divina en un alma humana.

La madre que aprecie esta obra considerará de valor inapreciable sus oportunidades. Por lo tanto, mediante su propio carácter y sus métodos de educación, se empeñará en presentar a sus hijos el más alto ideal. Con fervor, paciencia y valor, se esforzará por perfeccionar sus propias aptitudes para valerse de ellas con acierto en la educación de sus hijos. A cada paso se preguntará con fervor: "¿Qué ha dicho Dios?" Estudiará su Palabra con diligencia. Tendrá sus miradas fijas en Cristo, para que su experiencia diaria, en el humilde círculo de sus cuidados y deberes, sea reflejo fiel de la única Vida verdadera.

Inscrita en el libro de fama inmortal

La abnegación y la cruz son nuestra porción. ¿Las aceptaremos? Ninguno de nosotros necesita esperar que cuando vengan sobre nosotros las últimas grandes pruebas se desarrollará un espíritu abnegado y patriótico en un momento porque lo necesitamos. No, en verdad. Este espíritu debe fusionarse con nuestra experiencia diaria, e infundiese en la mente y el corazón de nuestros hijos, tanto por los preceptos como por el ejemplo. Las madres de Israel pueden no ser guerreras ellas mismas, pero pueden criar guerreros que se ciñan toda la armadura y peleen virilmente las batallas del Señor.

Madres, en gran medida, el destino de vuestros hijos está en vuestras manos. Si no cumplís vuestro deber, los colocaréis tal vez en las filas del enemigo y los haréis sus agentes para arruinar almas; pero mediante un ejemplo piadoso y una disciplina fiel podéis conducirlos a Cristo y hacerlos instrumentos en sus manos para salvar a muchas almas.

Su obra [la de la madre cristiana], si la cumple fielmente en Dios, quedará inmortalizada. Las esclavas de la moda no verán ni comprenderán nunca la belleza inmortal que reviste la obra de esa madre cristiana, y se burlarán de sus nociones anticuadas y de su vestido sencillo y sin adornos, mientras que la Majestad del cielo inscribirá el nombre de aquella madre fiel en el libro de fama inmortal.

Los momentos no tienen precio

Toda la vida de Moisés y la gran misión que cumplió como caudillo de Israel dan fe de la importancia de la obra de una madre piadosa. Ninguna otra tarea se puede igualar a ésta. . . . Los padres debieran dirigir la instrucción y la educación de sus hijos mientras son niños, con el propósito de que sean piadosos. Son puestos bajo nuestro cuidado para que los eduquemos, no como herederos del trono de un imperio terrenal, sino como reyes para Dios, que han de reinar al través de las edades sempiternas.

Comprenda toda madre que su tiempo no tiene precio; su obra ha de probarse en el solemne día de la rendición de cuentas. Entonces se hallará que muchos fracasos y crímenes de los hombres y mujeres fueron resultado de la ignorancia y negligencia de quienes debieron haber guiado sus pies infantiles por el camino recto. Entonces se hallará que muchos de los que beneficiaron al mundo con la luz del genio, la verdad y santidad, recibieron de una madre cristiana y piadosa los principios que fueron la fuente de su influencia y éxito.